Empecemos pues con un pequeño y sumamente comprensible jeroglífico visual, que no galimatías de imágenes.
Por orden de llegada, Paolo Ucello y su San Jorge y el dragón en la National Gallery de Londres, mi galería de pinturas particular; en segunda posición, la portada de la primera edición del Quijote (de la primera parte del Quijote, claro), un ejemplar de la cual tuve la suerte de tener entre mis manos hace un montón de años en Oxford, en la biblioteca Tayloriana; y para terminar dos fotos al alimón de Barcelona un 23 de abril de quién sabe qué año pues las dos las he bajado de google.

San Jorges
Muchos San Jorges - en Cataluña, en Inglaterra, en Grecia... un santo global (relativamente hablando) donde los haya. Esta pintura de Paolo Ucello (Florencia, 1397-1475) es la imagen más inmediata que me viene a la cabeza cuando pienso en la iconografía del santo. Evidentemente, la razón es que es la imagen que tengo más vista, que veo más, que es, por decirlo de algún modo, parte de mi casa, extensión de mi salón, memoria mía desde hace tantos años.El caballo blanco y su caballero, tan dinámicos, picando al monstruoso dragón verde y sanguinario; y la princesa del cuento, ensimismada, hierática y tranquila, segura en su certeza de que el santo la va a redimir, a salvar de las garras de la fiera.

Pero, ¿qué veo? ¿quién sujeta a quién? ¿el dragón a la doncella, o ésta al dragón? ah... así se entiende la serenidad de la joven, su inmovilidad enfatizada por ese cuello tan largo, tan blanco, tan incólume... el dragón deja de ser un monstruo feroz e infernal para convertirse en víctima doble. Víctima del amor por su doncella, una doncella que lo ha aprisionado, dominado sólo para tenerlo entre sus manos y que su amor (su amante, de ella) el gallardo Jorge de la fábula, pueda con facilidad total y mortal, clavarle la pica que lo inmola, que lo convierte en su víctima también.
Un libro
El placer de pedir, porque sí, el libro de Cervantes en una biblioteca silenciosa y perfecta. De decirse: ¨voy a tener un libro en mis manos de la época original, tal cual lo vio impreso el propio Cervantes, y cual seguramente releyó¨.
La sorpresa al ver al libro que me entregaban. Tan pequeño, tan grueso, tan abigarradas las palabras en sus líneas cortas. Aquí se dan muchas noticias sobre esa primera edición.



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